Cuando la tendencia de los Food Trucks comenzó a ganar fuerza en las ciudades, jamás imaginé que acabaríamos transformando uno desde cero. La oportunidad llegó de la mano de mi hermana, quien apareció con una caravana de segunda mano que parecía sacada de una película de Tarantino. Su aspecto inicial daba respeto, pero el reto era tan emocionante como ambicioso: convertirla en un espacio funcional, estético y con mucha personalidad… ¡en solo una semana!

El proceso fue un sprint creativo y técnico. Desde la instalación eléctrica y de agua hasta la pintura y los detalles decorativos, cada elección debía equilibrar estética y funcionalidad. Incorporamos toldos para hacer más cómoda la espera de los clientes, revestimos techo y paredes con papeles decorativos para darle un aire chic y mantuvimos la esencia de la caravana original. Fue un desafío intenso, pero el resultado nos dejó encantados: un Food Truck único, con un diseño divertido y totalmente preparado para rodar y escribir su propia road movie.

Un proyecto diferente a los que normalmente hacemos. Nos gusta marcarnos retos y este fue uno de ellos.

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